sábado, 31 de enero de 2026

Diario Taurino. Capítulo 04: Osorno versus Chile

 
Siempre me he cuestionado hasta dónde llega mi fanatismo por Provincial Osorno en comparación con el que siento por la selección chilena. Hubo un tiempo en que me salía natural decir, casi sin pensar: “prefiero que Osorno gane el título de Primera División a que Chile sea campeón del mundo”.
Hoy ya no me resulta tan fácil decirlo.

No porque ahora la Roja sea favorita para ganar una Copa del Mundo, ni mucho menos, sino porque con la Generación Dorada soñar fue gratis. Hoy, en cambio, ni cerca de clasificar a un Mundial estamos, y la comparación vuelve a incomodar.

La división entre una región y un país se da en varios lugares del mundo. En España, por ejemplo, ocurre con Cataluña y el País Vasco, donde muchas personas sienten su región como algo más importante que el propio país. En esos casos, la selección nacional no los representa y se reniega de títulos, símbolos y triunfos.

Lo mío, claramente, no va por ahí. 
Es algo mucho más anecdótico, casi absurdo, nacido de la necesidad de comparar todo. Y hubo una oportunidad única en que esa comparación se volvió real.

La experiencia más cercana a un Provincial Osorno versus Chile se dió en octubre de 1996. 
La selección chilena, dirigida por Nelson Acosta, se preparaba para un partido de visita ante Paraguay. Como parte de esa preparación, enfrentaría a una “selección del sur”, compuesta por jugadores nacionales y dirigida por el técnico de Provincial Osorno, el trasandino Óscar “Cacho” Malbernat.

El partido se jugó en Concepción. 
Por esos días, Provincial Osorno tenía un plantel estelar. No hay que olvidar que 1996 fue la mejor campaña en la historia del club, con un increíble sexto lugar en Primera División. No era extraño, entonces, que varios jugadores taurinos integraran esa selección sureña: Ítalo Díaz, Luis Medina, Jaime Aguilar y Marcelo Corrales.
Imagínense si además se hubieran sumado los argentinos Javier Sodero, Mario Vanemerak, José Luis Díaz y Pedro González Pierella.

El partido generó expectación. Más de 20.000 personas llegaron al Estadio Ester Roa. Muchos de ellos se irían con la ceja levantada… y otros derechamente sorprendidos. 
A casi 400 kilómetros de distancia, yo estaba con la radio del comedor a todo volumen. Hinchando por la selección del sur.
O, siendo honestos, hinchando por los jugadores de Provincial Osorno que vestían esa camiseta.

El partido fue una decepción para los fanáticos de la Roja y una alegría inmensa para hinchas de ese tipo fanático, casi enfermizo, de sus clubes. De esos como yo. 
El equipo sureño pasó la aplanadora sobre la selección nacional. Los jugadores osorninos fueron figuras. El 2-0 final se construyó con goles de Luis Medina, a los 33 minutos del primer tiempo mediante lanzamiento penal, y de Marcelo Corrales, que en el minuto 40 del segundo tiempo se adelantó a toda la defensa chilena.

Tras el partido, los jugadores de la selección chilena le bajaron el perfil al resultado. Frases como “era solo un amistoso” o “un partido sin mayor importancia” se repitieron en los micrófonos. 
Pero había algo que estaba claro. 
El nivel de los Toros ese año era altísimo. Tan alto, que varios de esos jugadores perfectamente podrían haber estado al otro lado de la cancha, vistiendo de rojo, defendiendo a Chile.

Ese día no resolví el dilema entre Osorno y la selección.
Pero confirmé algo que ya intuía desde hace tiempo: cuando se trata del club de mi ciudad, la camiseta pesa distinto. 
Y a veces, incluso, pesa más que la de todo un país.



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